La Educación a Distancia (EaD) toma cada vez más fuerza a partir de la necesidad creciente de “aprendizajes” requeridos por esta bien llamada “Sociedad del Conocimiento”.
En virtud de lograr nuevos y significativos aprendizajes, la EaD emprende, entonces, el gran desafío de responder a esta nueva exigencia que la modalidad tradicional no logra aún asumir, no tanto por carencias de conocimientos, como por comprender lo urgente e inevitable de los cambios que ya se experimentan en los diferentes ámbitos del acontecer nacional y mundial.
Es inevitable sustraerse a la vorágine de nuevas tecnologías y de nuevos requerimientos de habilidades, destrezas y conocimientos que a cada profesional se le exige, y por lo mismo, sin duda alguna, es la EaD la llamada a responder al mundo laboral profesional y técnico, en sus demandas de capacitación y perfeccionamientos en las distintas áreas requeridas. Es a partir de este requerimiento casi impuesto por las circunstancias actuales de producir cambios en las modalidades de producción, de trabajo y de desarrollo, que la EaD se transforma en un “objeto de estudio” para determinar o precisar qué enfoque pedagógico le es propio y exclusivo, queriendo precisar cuándo y cómo en su quehacer pedagógico se identifica con un conductismo severo, o con un cognitivismo aplastante, o, quizás, un constructivismo democrático y holístico. La respuesta a esta inquietud no es fácil determinarla, más bien, nos genera más y más aprehensiones sobre la modalidad en sí, mas, es importante resaltar que es el logro de los Aprendizajes lo que determina su validez como modalidad alternativa al sistema educativo tradicional, y no por que este último no sea capaz de responder a las nuevas exigencias sociales y política, sino que, por pertinencia laboral, es la EaD la llamada a responder a estas nuevas exigencias. Y si es el Aprendizajes lo que determina su validez y pertinencia en su quehacer, Ausubel corrobora esta apreciación cuando dice: “Un aprendizaje es significativo cuando puede relacionarse de modo no arbitrario y sustancia (no al pie de la letra) con lo que el alumno ya sabe”. [1] Y es este último sujeto, el alumno, el que determinará la diferencia y la validez en sí de la EaD enfrentada a la modalidad tradicional. Es habitual que los alumnos matriculados en programas de Formación a Distancia, reúnen ciertas características que les son propias y únicas, y es en razón a sus necesidades de actualizarse en ciertas áreas del conocimiento, que inician sus estudios privilegiando esta modalidad. Y, cierto es, que las características de estos alumnos son especiales. “Es necesario, además, que el alumno disponga de los requisitos cognitivos necesarios para asimilar ese significado”.[2] No obstante, la calidad del alumno también exige una calidad del material a utilizar para que realmente el aprendizaje sea efectivo, y es así como se afirma que “es necesario que el material que debe aprenderse posea un significado en sí mismo, es decir, que haya una relación no arbitraria o simplemente asociativa entre sus partes”.[3] A la luz de esta cita, es inevitable pensar en un enfoque “Transmisivo”, es decir, transmitir contenidos que se asocia al verbo “enseñar”, actividad que habitualmente todo docente realiza al momento de entregar un documento escrito y/o exponerlo frente a sus alumnos cara a cara. Desde una perspectiva conductista, enfoque que valora la relación estímulo – efecto, esta llamada “calidad del alumno” se transforma en una relación bastante estimulante si de conductas observables se refiere. Si bien es cierto, la EaD no centraliza su quehacer educativo en el “cara a cara” alumno – profesor, sí es fácil advertir que la conducta esperada por el profesor a distancia, es que ese alumno responda de manera exacta las preguntas realizadas sobre un documento enviado vía e-mail o expuesto en una Web. Si de predecir la conducta cognitiva y no física ni visible del alumno se trata, entonces, la respuesta generada por el documento en términos de conducta cognitiva, es producto de un conductismo bastante puro y exacto. “Durante muchos años, los conductistas definían al aprendizaje como un cambio en la conducta. De esta forma quedaban excluidos los aprendizajes latentes que se producen en ausencia de conductas observables”[4], o predecibles. Como dije anteriormente, a la ausencia de una conducta observable, según la premisa conductista, entonces, el llamado aprendizaje latente se evidenciaría cuando el alumno es capaz de responder y de aportar algo más teniendo como estímulo un documento para analizar. “La necesidad de que el aprendizaje se manifieste en una conducta observable solo se sigue de las asociaciones Estímulo-Respuesta, Respuesta-Estímulo, que implican una respuesta por parte del sujeto, pero no de las asociaciones Estímulo-Estímulo, que constituirían un modelo adecuado para los efectos del aprendizaje latente,(Zuriff, 1985), por lo que, dentro del conductismo, puede diferenciarse entre aprendizaje y conducta”.[5] La cita anterior, entonces, refuerza la idea que, aún en su apariencia más ortodoxa, el conductismo puede lograr aprendizajes por medio de asociaciones que no necesariamente se relacionan con “estímulo-respuesta”, o conductas observables e inmediatas. En la EaD es posible lograr estos aprendizajes latentes y a la vez reforzar significativamente.Vygotsky, frente a la relación Estimulo – Respuesta, habló de un proceso “mediador”. “En las formas superiores del comportamiento humano, el individuo modifica activamente la situación Estímulo como una parte del proceso de responder a la misma. Toda la estructura entera de esta actividad producía la conducta que Vygotsky trataba de señalar con el término mediatizar”.[6] Este argumento nos permite aseverar, al igual que con el conductismo, que el constructivismo también está presente o puede estarlo según las actividades de orden superior que psicológicamente nuestro potencial alumno realice en el proceso metacognitivo al momento de elaborar sus respuestas e iniciar una investigación o un análisis. La EaD es una activa promotora de esta “mediación” entre el alumno y los contenidos, pero va más allá, esa “mediación” se realiza a través de los aprendizajes que, al igual que en el conductismo, deja huellas latentes para condicionar y continuar un autoaprendizaje.Dentro de la dinámica estructuralista que los distintos enfoques intentan realizar, el aprendizaje como una construcción personal, la idea plateada por Vygotsky nos permite replantear el papel de la EaD en un sentido de “Estímulo”, generado una “respuesta”, tal vez, inesperada a la luz de una visión conductista, mas, rica y dinámica en posibilidades al momento de establecerse un punto “mediador”, un posible generador de una respuesta no esperada y que signifique un aprendizaje latente, como señalan algunos conductistas, o una situación modificada, inesperada, como sugiere Vygotsky. Con respecto a la estandarización en la entrega de contenidos, tal como se realiza en muchas instituciones educativas secundarias y técnicas superiores, se ha preferido, en especial en la educación superior, hablar de “materiales o malla curriculares semiabiertas”, en donde el alumno puede intercambiar y sugerir información para el dominio del grupo completo, sugiriendo lectura e incluso crear instancias educativas en donde el alumno es el protagonista.
En conclusión, es posible advertir que los tres enfoques se encuentran presentes en la EaD. Tres enfoques que guían el quehacer académico y el proceso Enseñanza – Aprendizaje. Dependerá de qué es lo que se desea obtener por parte de los educandos, de los profesionales a “reciclar”, y básicamente, también se advierte que la EaD está destinada, en esta primera etapa, a la complementariedad de la enseñanza tradicional, sin dejar de lado aquellos casos en donde su finalidad es reforzar su esencia como EaD, sin recurrir a los aspectos que hacen de la modalidad tradicional lo que es, es decir, presencialidad constante en un aula. La EaD representa una modalidad futura que habremos de dedicarle una mayor atención para que sí responda a las necesidades de cada sociedad y cultura locales.
Profesor Mario Alberto Muñoz Zepeda
Magister en Informática Educativa
REFERENCIAS
-Los Procesos Psicológicos Superiores, L.S. Vygotsky
-Teorías Cognitivas del Aprendizaje, J.L.Pozo, 5º Edición, Editorial Morata
[1] Ausuble, Novak y Hanasian, 1978, pág 37, traducción castellana.
[2] Teorías Cognitivas del Aprendizaje, J.L.Pozo, 5º Edición, Editorial Morata, Pág. 211
[3] Teorías Cognitivas del Aprendizaje, J.L.Pozo, 5º Edición, Editorial Morata, Pág. 211
[4] Teorías Cognitivas del Aprendizaje, El Conductismo como programa de investigación. J.L.Pozo, 5º Edición, Editorial Morata, Pág. 28
[5] Idem.
[6] Los Procesos Psicológicos Superiores, L.S. Vygotsky, pág. 35, introducción.
Comentarios recientes